Desarrollado para una familia profundamente vinculada al mundo de la estética y el diseño, este proyecto —realizado dentro de la arquitectura de Izquierdo Lehmann— buscó construir un interior elegante y atemporal, capaz de dialogar naturalmente con la espacialidad, luz y materialidad propia de la arquitectura.
La propuesta de interiorismo nace desde la intención de rescatar y dar protagonismo a muebles antiguos heredados por la familia, entendiendo estas piezas como parte esencial de su identidad e historia. Más que incorporarlos como objetos aislados, el proyecto buscó generar una convivencia armónica entre estos elementos y una selección de mobiliario de líneas más simples y contemporáneas, permitiendo que cada pieza adquiriera presencia y valor dentro del conjunto.
Para acompañar esta búsqueda, se trabajó a partir de una paleta de tonos neutros y materiales contenidos que aportan amplitud, luminosidad y continuidad visual a los espacios. Los colores suaves y las formas simples permiten resaltar tanto los muebles antiguos como la arquitectura, dejando que la espacialidad y la luz natural se conviertan en protagonistas silenciosos del proyecto.
Uno de los principales objetivos fue construir un recorrido visual coherente a lo largo de toda la casa, donde los distintos ambientes dialogaran entre sí desde la proporción, la materialidad y el equilibrio entre lo antiguo y lo contemporáneo.
El resultado es un interior cálido y sofisticado, donde memoria, arquitectura y diseño conviven de manera natural, poniendo en valor la historia familiar y la belleza de los objetos que permanecen en el tiempo.
La convivencia armónica entre memoria familiar, arquitectura y diseño contemporáneo.
Desarrollado para una familia profundamente vinculada al mundo de la estética y el diseño, este proyecto —realizado dentro de la arquitectura de Izquierdo Lehmann— buscó construir un interior elegante y atemporal, capaz de dialogar naturalmente con la espacialidad, luz y materialidad propia de la arquitectura.
La propuesta de interiorismo nace desde la intención de rescatar y dar protagonismo a muebles antiguos heredados por la familia, entendiendo estas piezas como parte esencial de su identidad e historia. Más que incorporarlos como objetos aislados, el proyecto buscó generar una convivencia armónica entre estos elementos y una selección de mobiliario de líneas más simples y contemporáneas, permitiendo que cada pieza adquiriera presencia y valor dentro del conjunto.
Para acompañar esta búsqueda, se trabajó a partir de una paleta de tonos neutros y materiales contenidos que aportan amplitud, luminosidad y continuidad visual a los espacios. Los colores suaves y las formas simples permiten resaltar tanto los muebles antiguos como la arquitectura, dejando que la espacialidad y la luz natural se conviertan en protagonistas silenciosos del proyecto.
Uno de los principales objetivos fue construir un recorrido visual coherente a lo largo de toda la casa, donde los distintos ambientes dialogaran entre sí desde la proporción, la materialidad y el equilibrio entre lo antiguo y lo contemporáneo.
El resultado es un interior cálido y sofisticado, donde memoria, arquitectura y diseño conviven de manera natural, poniendo en valor la historia familiar y la belleza de los objetos que permanecen en el tiempo.
Diseñadora de interiores