La convivencia entre diseño contemporáneo, arte y memoria personal.
Diseñado para una clienta con una marcada sensibilidad estética, este proyecto de interiorismo nace a partir de un trabajo profundamente colaborativo, buscando reflejar una identidad personal refinada y elegante, donde conviven naturalmente lo contemporáneo y el valor emocional de piezas heredadas de su historia familiar.
La propuesta buscó construir una atmósfera con carácter, equilibrando líneas modernas y contenidas con la presencia de elementos antiguos cuidadosamente incorporados dentro de los distintos espacios. Más que contrastar estilos, la intención fue generar una convivencia armónica entre ambos lenguajes, permitiendo que cada objeto aportara profundidad y narrativa al interior.
El estudio trabajó la unificación de los ambientes a través del uso del blanco como base principal, generando luminosidad, amplitud y continuidad visual. Sobre esta paleta neutra, se incorporaron sutiles acentos de color desarrollados mediante teñidos artesanales realizados especialmente para el proyecto, aportando capas de textura y matices que enriquecen silenciosamente cada espacio.
El arte tuvo un rol fundamental dentro de la propuesta. Se realizó una búsqueda y selección de piezas capaces de representar la sensibilidad y personalidad de la clienta, incorporando obras que introducen color, identidad y distintos puntos de atención dentro del recorrido interior. Estas piezas dialogan con la materialidad y el mobiliario, transformándose en parte esencial de la atmósfera del proyecto.
La mayoría de los muebles fue diseñada especialmente por el estudio, permitiendo desarrollar un lenguaje coherente y cuidadosamente proporcionado para cada ambiente. El resultado es un interior elegante y atemporal, donde diseño, arte y memoria conviven de manera natural, construyendo espacios profundamente personales y habitables.
La convivencia entre diseño contemporáneo, arte y memoria personal.
La convivencia entre diseño contemporáneo, arte y memoria personal.
Diseñado para una clienta con una marcada sensibilidad estética, este proyecto de interiorismo nace a partir de un trabajo profundamente colaborativo, buscando reflejar una identidad personal refinada y elegante, donde conviven naturalmente lo contemporáneo y el valor emocional de piezas heredadas de su historia familiar.
La propuesta buscó construir una atmósfera con carácter, equilibrando líneas modernas y contenidas con la presencia de elementos antiguos cuidadosamente incorporados dentro de los distintos espacios. Más que contrastar estilos, la intención fue generar una convivencia armónica entre ambos lenguajes, permitiendo que cada objeto aportara profundidad y narrativa al interior.
El estudio trabajó la unificación de los ambientes a través del uso del blanco como base principal, generando luminosidad, amplitud y continuidad visual. Sobre esta paleta neutra, se incorporaron sutiles acentos de color desarrollados mediante teñidos artesanales realizados especialmente para el proyecto, aportando capas de textura y matices que enriquecen silenciosamente cada espacio.
El arte tuvo un rol fundamental dentro de la propuesta. Se realizó una búsqueda y selección de piezas capaces de representar la sensibilidad y personalidad de la clienta, incorporando obras que introducen color, identidad y distintos puntos de atención dentro del recorrido interior. Estas piezas dialogan con la materialidad y el mobiliario, transformándose en parte esencial de la atmósfera del proyecto.
La mayoría de los muebles fue diseñada especialmente por el estudio, permitiendo desarrollar un lenguaje coherente y cuidadosamente proporcionado para cada ambiente. El resultado es un interior elegante y atemporal, donde diseño, arte y memoria conviven de manera natural, construyendo espacios profundamente personales y habitables.
Diseñadora de interiores